lunes, 30 de marzo de 2009

el hombre mujer y las mujeres como enemigas

El hombre mujer.

Si bien nos dedicaremos redondamente a hablar de mujeres, los hombres mujer por sus similitudes con la mujer merecen como bien dijimos antes, un capítulo aparte.
Lo primero que debemos notar, es que el hombre mujer carece, en un 90% de los individuos estudiados, de algún atractivo. Son hombres pero sus actitudes de vieja de barrio los confinan a un plano de desigualdad miserable con respecto a los verdaderos hombres.

Las mujeres como enemigas.

Ya lo decía Schopenhauer, “los hombres son indiferentes entre sí, las mujeres con todas enemigas por naturaleza”.
A pesar de que Schopenhauer no contempla a los Hombres-Mujer como nuestros enemigos, ya que no los menciona en ninguna de sus obras, los hombres por lo general no se fijan demasiado en la ropa o en la novia de sus semejantes, más que para dar una palabra de aliento o de aprobación.
Las mujeres por su parte batallan unas con otras en una encarnizada guerra de telas y zapatos de taco, de carteras haciendo juego y de novios que serían la envidia del Dandy más renombrado. Las mujeres compiten por pura egolatría, como ya hemos mencionado en el capítulo anterior, pero esa competencia va mas allá del número de “amigos”, se extiende secretamente al número de novios, de amantes, de la escala social de esos novios, del precio de los zapatos, de la poca cantidad de kilos que acuse la balanza, etc. Las mujeres en guerra son una amenaza para nosotros mismos, luchando para ser más que las demás, intentado conquistar al novio de cualquiera que parezca más atractiva, más joven o más agradable.
Es de público conocimiento el hecho de que siempre captamos miradas de mujeres cuando vamos acompañados de nuestras novias. He ahí el fragor de la batalla, la competencia en pleno que deja de lado la penumbra para salir a la luz de la forma más cruda, y dejándonos a nosotros, víctimas inocentes de una guerra sin cuartel, como los responsables por ser receptores pasivos de la mirada del enemigo, bombardeados por reproches y acusaciones de nuestras novias, que temen al ataque de sus adversarias, y que intentan cerciorase de que la efectividad de sus artimañas fue nula.
Este aspecto merece un tema aparte a tratar en el capítulo siguiente, donde la acción bélica es llevada a otro campo de batalla, los bailes.